martes, 12 de mayo de 2015

LOS ORÍGENES DE CARLOS GARDEL. Capítulo VII.


 La claque del Patasanta

Aquel niño vagabundo y aventurero no sólo frecuentaba los lugares marginales de Buenos Aires sino que también comenzaba a vincularse, mediante las labores más humildes, con el ambiente del espectáculo en algunas salas de barrio.
En efecto, Luis Giglione, apodado “El Patasanta”, hacia el año 1894, tenía bajo su dirección a un grupo de jovencitos destinados a aplaudir en las salas de espectáculos con el objeto de contagiar al resto del público y lograr, muchas veces, verdaderas ovaciones en determinados pasajes de la puesta en escena. Este conjunto de aplaudidores, que recibía una módica paga, era conocido en el ambiente escénico como “la claque del Patasanta”, y allí ingresó Gardel, atraído por la posibilidad de escuchar a cantantes líricos de cierta importancia directamente en la escena.
Acerca de esta etapa, el propio Carlos Gardel comentó para el diario “Noticias Gráficas” de Buenos Aires del 21 de setiembre de 1933, cuando ya era un veterano triunfador:
“Conservo aún mis buenas amistades de aquella época... Ahí andan el gran Patasanta quien salió de comparsa tantas veces conmigo...”
En efecto, el Patasanta, también se ocupaba de contratar gente para poblar el escenario en determinados pasajes en que la obra representada lo requería.
La actividad de Carlos Gardel, como integrante de aquella famosa claque de aplaudidores pagos, no se puede extender más allá del año 1895, cuando a lo sumo, el futuro cantor, contaba con 12 años de edad debido a que el renombrado Luis Giglione, “El Patasanta”, en diciembre de 1895 comienza a regentear el Teatro San Martín de Buenos Aires (ubicado en Esmeralda 255) y aparece contratando a la Compañía de José Podestá que debuta el 28 de diciembre del mencionado año, de acuerdo con lo que informa el investigador Ricardo Ostuni en su libro “Repatriación de Gardel”.
Así las cosas, resulta muy lógico suponer que el famoso “Patasanta” ya había abandonado su actividad con la claque.
Por otra parte siempre se supo que Gardel desde niño cantaba las romanzas de moda para sus amigos; canciones aprendidas durante aquellas funciones integrando la mencionada claque.
En el diario “Noticias Gráficas” de Buenos Aires del 21 de setiembre de 1933, durante un reportaje, el propio cantor nos recuerda…
“...aquellos tiempos del sabroso sandwich de mortadela y el 5 y 5 de vino y limonada, cena magnífica en el almacén de una esquina, rociada con romanzas que me fajaba a pedido de la selecta concurrencia...”

En busca de documentación

En 1895, el cantor viaja, en compañía de alguien que no ha podido ser identificado, tal vez con doña Berta, hasta la capital uruguaya con la finalidad de intentar alguna tramitación que le permita normalizar su cada vez más comprometida situación de persona indocumentada. Allí, en Montevideo, le es otorgado finalmente un certificado expedido por el Registro Civil de aquella ciudad, con fecha 4 de noviembre de 1895. Este documento es logrado mediante una Partida de bautismo, original de Tacuarembó obtenida, tal vez en 1890, por Berta Gardes con la finalidad de internar a “Carlitos” en el Consejo del Niño, según vimos oportunamente. En dicho certificado, debajo del número del mismo (N° 372), Carlos Gardel aparece anotado como Carlos Escayola.
Este documento, del que el investigador Erasmo Silva Cabrera (Avlis) reprodujo en su libro “Carlos Gardel, el gran desconocido” solamente los primeros renglones, seguramente debió quedar en manos de doña Berta pues, el cantor, ya mayor de edad, tal vez ignorando la existencia del mismo, debido a la escasa, casi nula, comunicación que tenía con Berta, viajará nuevamente a la Capital uruguaya, buscando alguna solución para su situación de persona indocumentada y allí le entregarán un duplicado del mismo tal como oportunamente veremos.
No obstante, un documento en el que aparecía registrado como Carlos Escayola era para mostrar sólo en algún caso de emergencia, ya que si la justicia comenzaba a investigar no tenía como probar el origen de ese apellido.

Los asentamientos parroquiales


Hasta fines del siglo XIX, la Iglesia Católica era la encargada de registrar todos los nacimientos, casamientos y defunciones, inclusive de aquellos que profesaban otros cultos religiosos. Cuando es creado el Registro Civil, las inscripciones de estos acontecimientos quedan a cargo del nuevo organismo y todo lo registrado hasta ese momento por la Iglesia, debe ser previamente certificado por el Registro Civil para que el documento tenga valor legal. Para cumplir con este requisito, en la República Oriental del Uruguay, el 9 de julio de 1888, fue creada una ley cuyo artículo 2º establecía:
“Para que toda partida o testimonio extraído de los libros parroquiales produzca efectos civiles (...) es necesario que sean autorizados por un certificado del Director General del Registro Civil”.
Así, toda la transferencia de documentos parroquiales al Registro Civil, se produjo lenta y gradualmente ya que, todavía, hasta bien entrado el siglo XX, la Iglesia, que no se resignaba a dejar aquella tarea, continuaba haciendo los registros en sus libros toda vez que alguien lo solicitaba.
En 1896, con 12 ó 13 años de edad, Carlos Gardel efectúa su primera escapada de Buenos Aires: se va a Montevideo sin decir nada a nadie y, aparentemente, por declaraciones de Berta, lo hizo en compañía de otro jovencito del que, hasta hoy, los investigadores no han podido determinar su identidad. Según Erasmo Silva Cabrera, el joven Gardel, al llegar a Montevideo, se instala en una habitación del conventillo abandonado que se hallaba en la calle Isla de Flores, entre Convención y Río Branco. Llevó consigo un pequeño catre plegable que era de Berta, según ella misma declaró para la revista “La Canción Moderna” publicada en Buenos Aires el 6 de junio de 1936.
En 1960, Alfredo Bacigalupo, funcionario de la Jefatura Policial de Montevideo, que nació y vivió en  esa zona, informó que aquel edificio desocupado era habitado por gente del más bajo nivel social y sin recursos porque allí no pagaban nada ni había que pedir permiso a nadie, pues aquel viejo caserón se hallaba abandonado desde hacía muchos años. Como es de imaginar, la gente que habitaba aquel conventillo derruido, lo hacía en forma transitoria mientras trataba de solucionar sus problemas económicos. Luego, cuando conseguían trabajo, ni bien podían, se mudaban a otro conventillo con mejores condiciones de habitabilidad. Por entonces, el conventillo era el modo de vida en la mayoría de la clase proletaria del Río de la Plata.
Sobre este viaje, Berta, que aseguraba que Carlitos se había ido con otro jovencito, declaró para “La Canción Moderna” del 6 de junio de 1936 que tenía 14 años y...
“Desde entonces no volví a tener más noticias de él. Con el correr del tiempo me mudé de la casa donde había vivido hasta entonces y
comencé a perder las esperanzas de volver a encontrarlo... Algunas veces imaginé que había vuelto y recorrí los cafés que acostumbraba a frecuentar, pero la respuesta era siempre la misma: No sabemos nada señora. Nadie sabía nada.”
Si Carlos Gardel viajó a Montevideo en el año 1896, como afirma Erasmo Silva Cabrera, y si Berta no se equivoca al decir que tenía 14 años, el cantor, entonces, habría nacido en 1882.
“Carlitos” era conocido en las comisarías de Buenos Aires con ingresos por vagancia hasta altas horas de la noche, y por no contar con la “papeleta” (como vulgarmente se le decía entonces al documento que establecía la identidad) se encontró ante una situación cada vez más comprometida y decidió alejarse por un tiempo de Buenos Aires para radicarse en el mencionado conventillo de la calle Isla de Flores en el Barrio Sur Montevideano.
En la capital uruguaya, los controles no eran tan estrictos cómo en Buenos Aires y, a pesar de su situación como persona indocumentada, podía vivir más tranquilo.
Al mismo tiempo parecen ciertos los testimonios, que siempre brindaron algunos amigos de la infancia, acerca del poco cuidado que Berta le prodigaba a “Carlitos” quien pasó prácticamente toda su infancia rodando de un lado a otro, hallando protección y amparo solamente durante aquella época que vivió en Montevideo con Anais Beaux y Fortunato Muñiz, a quienes el cantor, ya consagrado y famoso internacionalmente, como hemos comentado con anterioridad, los mencionaba cariñosamente en algunas cartas como “mis queridos viejos”.

lunes, 11 de mayo de 2015

LOS ORÍGENES DE CARLOS GARDEL. Capítulo VI.

La cantidad de mentiras que se han dicho y aún se siguen diciendo a lo largo de la historia de Carlos Gardel, para quitarle todo vestigio que tenga que ver con su origen uruguayo son increíbles. Afortunadamente, al menos yo tengo esta impresión, cada vez más y con mayor asiduidad se está aceptando su verdadero origen Oriental del Río de La Plata. En realidad, cada vez más, en mi país, se está restaurando su verdadero origen y poco a poco, las nuevas generaciones, como decían muchos viejos en mi infancia, están comenzando a decir que Gardel es Oriental; pero todavía falta mucho.
Una de las últimas veces que estuve en Uruguay y fui a visitar el famoso chalet de Gardel junto con mi esposa, mi cuñada y el esposo de ésta, nos atendió muy amablemente un señor que en ese momento estaba a cargo de la institución que allí funciona y cada tanto, mientras dialogábamos recorriendo las instalaciones, nos repetía “!Que argentinos raros son ustedes!” por el simple hecho de que nos notaba muy seguros del verdadero origen de Gardel…

Edmundo Guibourg

Este escritor, director teatral y periodista, autor entre otras obras de “El sendero en las tinieblas” y “Cuatro mujeres” fue amigo de Gardel, pero, al igual que Esteban Capot, decidió colaborar con la Historia Oficial… Para ello, aunque tardíamente, se largó a hacer manifestaciones que, dejaron entrever fácilmente el engaño. Guibourg, dijo haber conocido a Gardel en un comité político cuando el cantor tenía 16 años, según sus declaraciones para el diario “La Opinión” de Buenos Aires del 24 de junio de 1975.
Diez años más tarde, para la revista “Buenos Aires Tango” correspondiente al mes de julio de 1985, declara haberlo conocido a los nueve años de edad, en la escuela y asevera que era francés. Sin embargo, el mismo día en que ocurrió el accidente de Medellín, escribió una nota necrológica para el diario “Crítica” en la que decía ignorar donde había nacido Carlos Gardel.
Cómo puede ser que si ignoraba el origen de Gardel, a pesar de que lo conocía, después de muchos años asegurara que era francés...
Pero todavía hay mas, puesto que la persona que miente deja siempre una estela de falsedades a lo largo de su vida que es fácil de rastrear. En el mencionado número de “Buenos Aires Tango” afirma que el padre de Gardel se llamaba Paul Laserre y, seis años mas tarde, en la revista “Tango y Lunfardo” de Buenos Aires correspondiente al mes de noviembre de 1991, Edmundo Guibourg le inventa otro padre a Gardel, éste se llama Charles Laforgue.
Guibourg, no sólo le inventó dos padres a Gardel sino que además pasó por alto el padre que le había inventado doña Berta, Paúl Gardes, fallecido antes que su hijo naciera y resucitado luego por la misma Berta (siempre según sus declaraciones) para venir a la Argentina a proponerle matrimonio cuando el cantor era ya famoso. De esta manera, en la Historia Oficial, andan en danza tres padres para un mismo hijo, sin contar los que están apareciendo en los últimos tiempos.
Lo que más llama la atención es que los autodenominados “historiadores” y “estudiosos” no reparen en esta cadena de incoherencias dichas por una misma persona. No son dos o más personas que dicen cosas totalmente distintas y tan contrapuestas que es imposible atribuirlas a opiniones personales; en este caso es una sola persona, Edmundo Guibourg, que a lo largo del tiempo, va haciendo declaraciones que nada tienen que ver con las hechas anteriormente. ¿Cómo puede ser que si eran amigos, desconocía su origen el día en que murió y muchos años después “recuerda” que era francés?...
Para aquellos que siempre han creído de buena fe que Charles Romuald Gardes y Carlos Gardel eran la misma persona, resulta algo sorprendente y desconcertante, admitir de un momento para otro que se trata de dos personas diferentes… No es fácil aceptar esto si se creyó siempre, sin prueba alguna, que Gardel era francés.
Y tan es así que, en los últimos tiempos, ante el avance de las investigaciones realizadas por la nueva generación de estudiosos en el tema, han comenzado a proliferar parientes de Charles Romuald Gardes pretendiendo demostrar que Carlos Gardel era francés... Seguramente, debe resultar muy interesante llegar a conocer los motivos de tanta preocupación.

Carlos y Charles

Berta tenía a su cargo dos chicos: su hijo Charles y el niño recogido en Tacuarembó, “Carlitos”. A su hijo, Charles, lo “entrega”, según sus propias palabras, a una familia. La expresión “entrega” pareciera ser que ha pasado desapercibida para los adherentes incondicionales a la Historia Oficial aún sabiendo que no es lo mismo “entregar” que “dejar”. De esta forma, Charles vivió con otra familia, desde 1894 hasta 1899, y esto ha quedado confirmado por los hijos de doña Rosa Carrol quienes, entre otras cosas, dijeron:
“Doña Berta venía a verlo muy a menudo”,
Expresión textual que determina que Charles no vivía con su madre, de lo contrario los hijos de doña Rosa hubiesen declarado que Berta venía a dejarlo o a buscarlo muy a menudo y no “a verlo”.
Al mismo tiempo, Berta “deja” a “Carlitos” en casa de la madre de Esteban Capot y allí, ambos niños, se hacen amigos puesto que Capot, en 1894, contaba con 12 años de edad y “Carlitos” (el uruguayo) cumpliría en diciembre, alrededor de 11 años; edades perfectamente compatibles para ser amigos en la infancia.
Como es de suponer, Armando Defino, tras fusionar a Carlos Gardel
y a Charles Romuald Gardes en una sola persona, seguramente le dio a Berta todo tipo de instrucciones para que se cuidara con las declaraciones que hacía al periodismo. Pero Berta en 1935 tenía 70 años y, por aquella época, una persona de esa edad, con frecuencia, carecía de la lucidez y la agilidad mental necesaria como para tener presente en todo momento, y sin equivocarse, que a partir de ahora Charles y Carlos eran una sola persona. De ahí que cuando le preguntaban por la infancia de Gardel, olvidando que debía tomar en cuenta la infancia de su hijo, hablaba de la personalidad del cantor separadamente de la personalidad de Charles. Así, por ejemplo, en la edición del 6 de junio de 1936 de la revista “La Canción Moderna”, califica a Gardel, cuando niño, en los siguientes términos:
“Un vagabundo que no quería estudiar, ni ser nada, que me tenía siempre suspirando Emoticono like que fugaba siempre del hogar”.
Esta apreciación no concuerda, en lo más mínimo, con su hijo Charles que lograba obtener casi siempre 10 puntos en todas las materias. Los comentarios que Berta Gardes hace sobre la infancia de Gardel, coinciden plenamente con los errores gramaticales que el cantor, ya adulto, dejó como testimonio en su innumerable correspondencia: una sintaxis, una redacción y unas faltas de ortografía muy propias de alguien que no ha tenido posibilidad de cursar en buenas condiciones, especialmente anímicas, la escuela primaria; nada de esto coincide con los 10 puntos que Charles obtenía en castellano y demás materias.
En un reportaje para el diario “El Debate” de Montevideo, publicado el 12 de agosto de 1935, refiriéndose a Gardel, Berta hace comentarios que no corresponden a un niño nacido en Francia, que vivió los dos primeros años en su país de origen, hijo de madre francesa y con 10 puntos en idioma francés. Berta dijo:
“Carlitos no sabía francés cuando era chico. Por eso algunas veces no podía retarlo, porque como yo hablaba muy poco en castellano, si lo retaba en francés, mi hijito se reía”.
Esta es la actitud muy propia de un chico callejero y no la de un niño dedicado al estudio como pretende mostrarnos la desmañada Historia Oficial. Historia que en la misma medida en que van apareciendo nuevos datos, debido al avance de las investigaciones, se ve en la obligación de dar explicaciones (cada vez más contradictorias) por parte de los escribas que adhieren a ella.

El callejero “Carlitos”

Se desconoce si en el año 1894 “Carlitos” concurrió a la escuela; lo que si se sabe es que Berta Gardes lo retiró de la institución en la que estuvo internado el año anterior y que, debido a la crianza conflictiva, y hasta traumática, durante sus primeros años de vida, a esta altura era ya un “chico difícil” que sólo se sentía feliz en la calle.
Si Berta Gardes dejaba a “Carlitos” en la casa de su amiga Odaline Ducasse de Capot, lo hacía por dos motivos esenciales: primero porque le quedaba cómodo debido a que Odaline vivía en la vereda de enfrente a la del taller de planchado en que Berta trabajaba y segundo, lo mas importante, porque en esa casa “Carlitos” tenía la posibilidad de jugar con otro chico, que era Esteban Capot, hijo de Odaline, circunstancia que reducía considerablemente el deseo de escapar, como era su costumbre, según las propias declaraciones de Berta.
“Carlitos” solía escapar de su casa, a veces durante varios días, para vagabundear por los boliches marginales de la ciudad donde gustaba escuchar a los cantores, payadores y guitarreros que lucían sus habilidades en los despachos de bebidas.
En líneas generales podemos decir que poco y nada se ha hablado sobre la infancia de Carlos Gardel. Algunos decidieron callar para no dejar entrever su origen uruguayo, y otros por un mal entendido respeto a su memoria que condiciona los resultados de cualquier investigación. Sin embargo, no ocurría lo mismo en vida del cantor, a punto tal que el mismo día de su muerte, el diario “Noticias Gráficas” de Buenos Romina Julieta, con muy pocas palabras y gran acierto definió el panorama de los primeros años del cantor diciendo:
“La infancia de Gardel es la infancia de un chiquilín pobre que se evadía del hogar para buscar la aventura maravillosa de la urbe, que trotaba con pies descalzos.
Pilluelo de ojos vivaces y boca presta al donaire y al denuesto, voceaba los diarios en aquellos atardeceres”.
En la revista “Así”, en 1965, el cantor Roberto Maida cuenta la referencia que le hiciera José Razzano sobre la detención por vagancia de aquel niño, porque Berta Gardes “lo tenía abandonado”.
En 1972, un expolicía del Mercado de Abasto, Domingo Tiola, ya muy anciano, declaró para el periódico “Crónica” de Buenos Aires:
“Casi a diario detenía a Carlitos en la niñez, por pequeños actos delictivos”.
Según estos relatos, nos hallamos, sin duda alguna, ante la presencia de lo que hoy llamamos un “chico de la calle”. En esta época, 1894, Gardel estaría por cumplir alrededor de 11 años en el mes de diciembre y la ausencia de documentos, sumada a sus travesuras, ya le había comenzado a ocasionar algunos inconvenientes toda vez que se topaba con la policía; por tal motivo, cuando llegaba la noche, trataba de pasar desapercibido, en especial, cuando vagabundeaba, hasta muy avanzadas horas de la madrugada, frecuentando lugares nada recomendables para un menor.

 Las declaraciones de Esteban Capot

Cuatro días después de la catástrofe de Medellín, esto es el 28 de junio de 1935, haciendo declaraciones para el diario Crítica de Buenos Aires, aparece Esteban Capot, hijo de Odaline Ducasse viuda de Capot, diciendo que el cantor era francés, iniciando así la maniobra organizada para cambiarle la identidad al cantor, pues si alguien difundía primero la “noticia” y aparecía luego el testamento “confirmándola”, resultaba mucho menos sospechoso y más efectivo que si el testamento se publicaba de entrada.
Esteban Capot, nacido en Nerac, Francia, el 23 de enero de 1882, es decir, casi nueve años mayor que Charles, relata estos hechos y situaciones realmente imposibles de creer por cualquier persona con un mínimo de capacidad para pensar y razonar:
“Carlitos nació en Tolosa, fue un niño muy vivaracho. Mi madre, Odaline Ducasse de Capot, luego de perder a su esposo, y teniendo yo unos siete años, se fue a vivir a Tolosa, en procura de un campo mas propicio para explotar su habilidad de modista.
En Tolosa, mi mamá conoció a la madre de Carlitos cuando éste sólo llegaba a tres años de edad. Buenas mujeres las dos, amantes cariñosas de sus únicos hijos, se hicieron muy amigas, más, llegaron a ser inseparables. Habitábamos la misma casa, y mi obligado compañero de juegos era Carlos.”
Recordemos que mucho antes, alrededor de 1883, Esteban Capot, un bebé, llega en brazos de su madre Odaline, junto con Anais Beaux y Berta Gardes, al Uruguay, según hemos visto oportunamente.
Pero Capot dice que su madre hace amistad con Berta, que viven juntas en Toulouse y agrega que su obligado compañero de juegos era Carlitos.
Este último comentario, por sí sólo, determina la falsedad del testimonio de Capot, puesto que si estas mujeres se conocen en 1889, cuando aún Charles no había nacido, es de suponer que comenzaron a vivir juntas (de acuerdo a las costumbres de la época) a fines de 1890, cuando ya tenían cierta confianza o, tal vez, en 1891. Pero ocurre que en diciembre de 1891 Charles cumplía su primer año de vida mientras que Capot había cumplido nueve años el 23 de enero de ese año, y resulta imposible creer que un bebé fuera el “obligado compañero de juegos” de un chico que ya estaba muy próximo a cumplir los 10 años de edad… Capot continúa diciendo:
“Llegaban en ese entonces (a Francia) noticias de la hospitalidad de América, de su facilidad para conquistar sólidas posiciones, de la cordialidad de sus habitantes. Mi madre y doña Berta, que se sentían embelesadas por estas narraciones de prosperidad, con los pocos ahorros que contaban, decidieron cruzar el océano. Cuando yo tenía nueve años y Carlitos cinco, nos embarcamos con destino a Buenos Aires”.
Daría la impresión que Capot, mientras habla, advierte que los tiempos no le coinciden porque, recordando que le llevaba a Charles nueve años, casi diez, trata de emparejar un poco las edades diciendo:
“Cuando yo tenía nueve años y Carlitos cinco, nos embarcamos con destino a Buenos Aires”.
Lo malo no son tanto las mentiras de Esteban Capot, sino el hecho de que se lo haya citado durante muchos años como prueba de la ciudadanía francesa de Gardel sin cuestionar nada y reproduciendo parcialmente sus declaraciones para esconder las contradicciones en que incurría. El hecho de que en la difusión de nuestra música haya tanta gente incapaz para pensar y obtener conclusiones propias y, más aún para intercambiar ideas destinadas a aclarar estas cosas, sirve a los intereses de la Historia Oficial que, al parecer, pretende dejar todo como está.
El acto realizado en Toulouse en 1985 con la presencia del entonces Presidente argentino Raúl Alfonsín es una prueba de ello, pues si la nacionalidad de Gardel no es tan importante, como suelen decir los que apoyan la Historia Oficial, ¿para que fue Alfonsín a Toulouse cuando se cumplió medio siglo de la muerte del cantor?...
El hecho de que Carlos Gardel reditúe a nuestro país ciertos beneficios culturales o de otro tipo a nivel internacional, no justifica la estafa moral y material organizada a partir de su muerte. La gran mentira comenzó a esparcirse con las declaraciones de Esteban Capot al afirmar que él y su madre junto con Berta y Charles de cinco años, se embarcaron hacia Buenos Aires en 1891, pues según hemos visto, Charles, a los dos años, llegó con su madre a Buenos Aires en 1893. Y aunque en Uruguay a Gardel lo llaman “El Mago”, es imposible salir de Francia con cinco años de edad y llegar al Río de la Plata un par de años más tarde con sólo dos años de edad.
Pero las mentiras de Esteban Capot no tienen límites: no sólo dice que viajaron juntos, sino que hasta cuenta la pobreza y la sencillez con que hicieron el viaje:
“Vinimos en tercera como inmigrantes. Lamento no recordar el nombre del barco, pero sí tengo grabada en la memoria la modestia de nuestra existencia a bordo”.
El periodista de “Crítica”, sabiendo que Gardel había vivido primero en el Uruguay, dice:
”Pero antes de venir a Buenos Aires estuvieron en Montevideo”...
A lo que Capot vuelve a mentir:
“No señor... de Francia a aquí no bajamos en ningún otro puerto”.
La razón de esta maniobra a la que Capot se prestó dócilmente, tal vez por el sólo hecho de salir en los diarios (cosa considerada importante por ciertas mentalidades de entonces), era evitar que los restos del cantor quedaran en Uruguay, pues el Presidente uruguayo, Gabriel Terra había ordenado iniciar ya los trámites de repatriación.
Tras negar Esteban Capot que Gardel llegó al Uruguay cuando niño, el periodista insiste:
“Sin embargo se decía...”,
“Voy a ser más preciso -interrumpe Capot- puedo asegurar a Crítica, ya que ustedes se refieren a ciertas versiones que circulan en el vecino país, que Carlos Gardel, el astro máximo de la canción criolla, no pisó tierra uruguaya hasta después de los veinte años. Mas todavía, no conoció Montevideo sino acompañado con Razzano cuando formaban aquel dúo inolvidable, es decir en 1915”.
Esto último, que con tanta seguridad afirma Esteban Capot, es falso hasta para aquellos que creen que Carlos Gardel era francés.
Capot, para probar que era amigo de la infancia, y con ello hacer creíble cuanto contaba, solía mostrar cartas y fotos con dedicatorias donde Gardel lo llama “mi amigo de la infancia”; pero Capot era amigo de Carlos Gardel (el uruguayo), no de Charles Gardes (el francés), y prueba de ello es que en algunas de esas cartas y fotos, el cantor se dirige a él diciéndole “Che francés...” y nunca se supo que un extranjero llame a un amigo de igual origen por la nacionalidad.
Cuando yo leo estas cosas siento vergüenza ajena… ¿Cómo puede una persona ser tan caradura para mentir tanto y con tanta impunidad? No obstante, Esteban Capot con sus declaraciones puso en marcha la maquinaria destinada a cambiarle la identidad a Gardel. Los que apoyaron esta maniobra, no imaginaron que el Gardel de entonces, el de la pinta, el “funyi”, la peinada, la sonrisa, los zapatos lustrados y otros atributos que hoy continúan admirando quienes no pueden ir más allá de lo superficial, llegaría a ser con el tiempo un elemento cultural del Río de la Plata y pasaría a manos de verdaderos investigadores, estudiosos y otros profesionales de la cultura tales como musicólogos e historiadores quienes, sin proponérselo, descubrirían una de las más grandes patrañas armadas para el manejo de la opinión pública con el objeto de ocultar una estafa.
Pero las macanas continúan aún después de 25 años porque el 1º de julio de 1960, Esteban Capot, para la revista “Platea” de Buenos Aires, declara:
“Yo, como Carlitos, nací en Toulouse. Mi madre y la madre de él, que también eran de Toulouse, eran de la misma edad; a partir del momento en que se conocieron nació entre ellas una entrañable amistad.
Cuando la señora Berta, fue a vivir a mi casa, Carlitos estaba a mi
cuidado. Tenía él entonces tres días de vida”.
En el reportaje anterior, su madre conoció a Berta cuando, tras la muerte de su marido, fue a vivir a Toulouse y Carlitos tenía tres años. Ahora, tanto él como su madre nacieron en Toulouse y conoció a Carlitos cuando éste tenía tres días de vida.
“Carlitos estaba a mi cargo -continúa Capot- mientras la señora Berta trabajaba en el taller de modista que mi madre había instalado en una habitación de la casa. Para mí era realmente un placer estar al lado de Carlitos velando su sueño o jugando con él, como si fuese mi hermanito menor. Yo he vivido una niñez muy feliz cuidando a Carlitos en su infancia. Me sentí muy triste el día que mi madre me dijo:
-‘Esteban, vístete bien, que iremos a despedir a Berta y a Carlitos’.
-‘¿A dónde van?
-Se van a Bourdeaux –respondió mi madre con un dejo de preocupación y una esperanza oculta que yo por mis pocos años, no podía acertar. Mientras me vestía sentía que un montón de lágrimas empañaban mis ojos. Con esa angustia en el alma, acompañé a mi madre a la estación del tren para despedir, ella, a su más grande amiga y yo, a mi hermanito menor. Cuando mi madre vio que mi cara estaba mojada por las lágrimas, tratando de consolarme, me dijo mientras me besaba:
-‘Ya pronto..., muy pronto nosotros también seguiremos el mismo camino y nos reuniremos con ellos’. En una carta que Berta le escribió a mi madre a poco de llegar a la Capital argentina, le hacía saber el cariñoso recibimiento con que fue recibida por Anais, su esposo y el grupo de amigos que fue a esperarla a su arribo’.
Como vemos, la imaginación de Esteban Capot no tiene límites, es capaz de armar cualquier historia sin ningún tipo de escrúpulos. En 1935 había dicho que viajaron todos juntos a Buenos Aires. Veinticinco años mas tarde resulta ser que sólo viajaron Berta y su hijo. ¿Cómo puede ser que este personaje haya servido de testimonio para afirmar que Gardel era francés?


martes, 5 de mayo de 2015

LOS ORÍGENES DE CARLOS GARDEL. Capítulo V.

El Teatro Escayola


En 1890, Víctor L’Olivier, además de dirigir la construcción del teatro, es contratado por la Junta Económica Administrativa de San Fructuoso para desempeñarse como agrimensor.
L’Olivier y su esposa, Luisa Gaye, tuvieron tres hijos: Víctor, María, y María Virginia. Este ingeniero francés, que decidió radicarse en suelo Oriental falleció en San Fructuoso el 4 de noviembre de 1909, a los 60 años de edad, en su domicilio de la calle General Flores.
La construcción del Teatro Escayola mereció un elogioso comentario, por parte de un cronista de Montevideo, que fue publicado también en el periódico “El Heraldo” de la Villa de San Fructuoso el 14 de agosto de 1890:
“El Teatro de Tacuarembó, será uno de los mejores de la República. La fachada elegantísima, la concurrencia tiene acceso al interior por siete puertas al frente; a los costados hay dos espaciosos salones, uno de ellos destinado a café, con una comunicación interior al Teatro, construido por los Planos y bajo la dirección del señor Víctor L’Olivier, inteligente Ingeniero francés, ex Director de las minas de oro de Cuñapirú, ofrece todas las comodidades y medidas de seguridad requeridas en esta clase de establecimientos. Además de las salidas ordinarias, la concurrencia al Paraíso y Cazuela, tienen por el caso de peligro, dos salidas mas, que dan a la azotea de los salones laterales. Actualmente se trabaja con celeridad en su terminación y dentro de poco, la sociedad tacuaremboense tendrá también un Teatro digno de su cultura y a la altura de los mejores de la República.
Felicitamos al señor Escayola por su proyecto e iniciativa, y al señor L’Olivier, la inteligente experiencia que representa aquella importante construcción”.
El edificio de este teatro aún hoy se mantiene en pie frente a la Plaza 19 de Abril, en pleno centro de la ciudad y fue declarado patrimonio histórico nacional. La empresa constructora, fue la de José Mazuchelli que trabajó durante tres años.
El Teatro Escayola, cuenta con la forma clásica del teatro europeo, terminado con la boca del escenario en forma de herradura y tiene un gran parecido con el Salón de Conciertos del Palacio de Trocadero de París. Todos los materiales fueron traídos en ferrocarril hasta Paso de los Toros y, de allí, en carreta hasta San Fructuoso. El ferrocarril llegó a San Fructuoso recién el 1º de mayo de 1891.
Los mármoles fueron traídos de Carrara, Italia. Y los tapices y artefactos, para la ornamentación, se trajeron de Francia.
Para construir la boca del escenario, la empresa que fabricó la viga, cuyo traslado de Europa demoró 18 meses, equivocó las medidas y hubo que adaptar la boca a las dimensiones de la misma. Llevar la viga de Paso de los Toros a Villa San Fructuoso demoró tres meses y se usaron tres carretas con un total de 12 yuntas de bueyes.
El cortinado del escenario era de terciopelo rojo. Los palcos y las puertas de color oro y blanco, y los asientos, tapizados en rojo. El alumbrado en el centro de la sala se realizaba mediante una “araña” con un diámetro aproximado de 1,50 m. Y contaba con trece picos de luces y una lámpara mayor en el centro. Los picos eran de cristal de Murano y formaban una gran rosa. Esta “araña” se elevaba o bajaba mediante una extensa cadena y fue construida en Italia e instalada por el señor José Tachini; funcionó a gas hasta el año 1910 en que se instaló, exclusivamente para la iluminación del Teatro, una usina generadora de electricidad. Es importante destacar que Villa San Fructuoso (llamada Tacuarembó a partir de 1912) contó con luz eléctrica recién en el año 1917.
El Teatro tenía capacidad para 752 espectadores lo que era, para el interior uruguayo, y de aquel tiempo, un número muy elevado.
Las paredes exteriores son de 60 cm. hasta la altura del piso de la Cazuela y Paraíso; a partir de allí continúan de 45 cm.
Los tabiques interiores son de 30 cm. Y sólo en casos excepcionales llegan a tener 15 cm. de espesor. Los pisos de la platea baja y del escenario son de pino tea; los del “hall” de espera, de mármol; y los pasillos, baños y “toilettes” tienen baldosas. Los palcos y corredores como la Cazuela y el Paraíso tienen pisos de pino montados sobre vigas de hierro que se hallan amuradas a los muros, apoyando el extremo opuesto en columnas, también de hierro.
En el interior, el cielo raso es de pino y, fuera del mismo, donde se halla la boletería, es una bovedilla con tirantes de hierro. Las escaleras que llevan al Paraíso y la Cazuela son de madera; y las que van a los palcos, de mármol. El edificio tiene dos pararrayos.
Hacia finales del año 1890 se estimaba que el flamante Teatro iba a ser inaugurado en unos pocos meses.
Todos estos datos acerca del Teatro Escayola los he obtenido de un folleto que me regalaron (perdón, pero no recuerdo quien) hace ya muchos años cuando fui por primera vez a Tacuarembó y me permitieron recorrer la histórica sala.


 El Teatro Escayola (segunda parte)

En 1891, en medio de una gran expectativa, el coronel Escayola da por fundado el teatro que desde hacía ya varios años tenía proyectado y que se construyó bajo la dirección de Víctor L’Olivier.
El flamante y único teatro de la Villa, es inaugurado el día 31 de mayo de ese año (1891) con el nombre de “Teatro Escayola”, sala que aún hoy se halla en pié aunque, desde hace muchos años, ha dejado de funcionar como sala de espectáculos. En la actualidad se encuentra instalado en el edificio un taller de imprenta.
Este escenario, que en su origen era de carácter pura y exclusivamente lírico, fue construido sobre un terreno lindante con la casa del Coronel y contaba con un palco especial reservado para él. Realmente era “especial” porque se podía entrar y salir del mismo por una puerta que comunicaba el palco con su vivienda particular, y estaba siempre reservado para que el Coronel pudiera disponer de él en cualquier momento y sin que sea anunciada su presencia en la sala. Para ello, en ocasiones notables, fechas patrias por ejemplo, estaba el palco oficial que él usaba aunque ya no ejercía ningún cargo público.
Escayola, alejado de la política y metido en el mundo artístico, comenzó a vivir romances con muchas figuras femeninas de la ópera y la zarzuela que actuaban en su teatro como el caso de la Irma de Gasperis, Rosa Hermo, Pilar Madorell y otras célebres cantantes y actrices de los últimos años del siglo XIX.
Quedaron como testimonio algunas fotos de artistas femeninas con sugestivas dedicatorias como la de la actriz y cantante Irma de Gasperis:
“Mi buen Coronel espero que esta noche dará realze (sic) a mi función con su apreciable familia”.
Otra notable artista que actuó en el teatro Escayola, Rosa Hermo, también le obsequió al coronel su fotografía con esta sugestiva dedicatoria:
“Recuerdo al simpático coronel Carlos Escayola. Su amiga, Rosa Hermo”.
La inauguración del Teatro
En medio de un clima de gran alegría y expectativa llega por fin el 31 de mayo de 1891, día en que es inaugurado el Teatro Escayola.
La, por entonces, muy célebre Compañía de Zarzuelas de Félix Amurro había llegado a la Villa dos días antes, es decir, el 29 de mayo. La llegada de los artistas fue todo un acontecimiento ya que lo hicieron por ferrocarril que, en ese entonces, era todavía una novedad para San Fructuoso. Recordemos que el tren a la Villa hacía sólo un mes que llegaba; su primer arribo se produjo el 1º de mayo de ese año.
La famosa Compañía de Zarzuelas de Don Félix Amurro, cuando llegó a Tacuarembó, se hallaba integrada por los siguientes intérpretes:
Felix Amurro (tenor y director)Eduardo Carmona (tenor cómico), Asunción Montiel (soprano), Adela Gómez (soprano), Ricardo Matti (barítono), Primitivo Martínez (barítono), Julián Torrijo (bajo), Pascual Martínez (característico)
Completaban el elenco un coro mixto y un maestro concertador.
El diario “El Heraldo”, del 4 de junio de 1891 comenta acerca de la inauguración del Teatro Escayola:
“En la noche del domingo 31 de mayo se inauguró en esta Villa el precioso Teatro construido por el Coronel Don Carlos Escayola. Le cupo ese honor a la Compañía de zarzuelas que dirige el Sr. Don Félix Amurro.
A las ocho y media de la noche, el Teatro rebosaba de gente ansiosa de oír ‘Los Diamantes de la Corona’ y admirar el templo del arte, que era ya una necesidad reclamada para la sociedad de San Fructuoso.
Que bello aspecto presentaba el Teatro a esa hora. Alumbrado esplendorosamente a gas y con sus preciosas decoraciones y telón de boca. Allí se encontraban infinidad de caballeros y casi todas nuestras adorables señoritas que, como ángeles, adornaban el recinto, dándole mayor realce. Pero que, como lindos demonios, nos hacían por momentos apartar la vista de los artistas, para contemplar, estáticos, sus divinas facciones. A esos actos deben ir siempre todas las mujeres.
Como lo anunciaba el programa, se dio la bonita zarzuela de Oudrid, “Los Diamantes de la Corona”.
Cristóbal Oudrid (1825-1877) fue un importante compositor español, fecundo autor de populares zarzuelas que, hacia fines del siglo XIX se había puesto muy de moda.
“La ejecución de la bella obra -continúa diciendo “El Heraldo”-, logró satisfacer a los espectadores, que aplaudieron sin reserva alguna a los artistas, señoras Montiel y Díaz, y a los señores Amurro, Carmona y Torrijo.
La Montiel, ha conseguido ya atraerse las simpatías del público que ve en ella a una artista bastante buena. Se hizo aplaudir con entusiasmo, cantando con bastante gusto.
El señor Amurro, muy bien en el rol que desempeñó. Su voz es agradable y dulce y ha obtenido aplausos merecidos en los números más lindos de la obra.
Carmona, recibió una ovación cuando se presentó en el escenario. Fue un ministro inimitable y consiguió arrancar aplausos conjuntamente con el señor Torrijo.
La función terminó con la preciosa zarzuelita “Los Baturros”, en la que salieron triunfantes la Montiel, Torrijo y Carmona. Este artista es de chispa y día a día progresa en el género cómico. Ya tendremos oportunidad de juzgarlo esta noche, en su papel de Tiburón en “El Anillo de Hierro”, preciosa zarzuela que llevará numerosa concurrencia a nuestro coliseo, y en el de Venuncio de la “Gallinita Ciega”.
Los tres héroes de “Los Baturros”, cantaron y bailaron lo que se llama... chic. Todavía recordamos los nutridos aplausos que se ganaron y la repetición que tuvieron que hacer de algunos números.
Carmona leyó una bonita poesía, que la publicamos en otro lugar y que la escribió expresamente para la inauguración del Teatro.
No queremos cerrar estas ligeras líneas, sin dejar constatado que la Compañía de Zarzuelas agradó en extremo. Nos promete noches muy buenas y bien merece que todas las funciones que den, tengan siempre un lleno completo”...
Durante el entreacto, después de “Los diamantes de la corona” y antes de iniciar “Los baturros”, el tenor Eduardo Carmona, con motivo de la inauguración de la sala, leyó un poema que él mismo escribió por haberle tocado en suerte a su Compañía Teatral ser la primera en aparecer sobre ese escenario. En el contenido de estos versos es fácil advertir la exaltación del gran prestigio y la importancia de que gozaba, aún sin ejercer cargos políticos, el coronel Carlos Escayola:

A LA INAUGURACIÓN DEL TEATRO DE TACUAREMBÓ

Orgullo siento en verdad
Hoy que en la escena me veo
Estrenando el Coliseo
De acuesta hermosa ciudad.
Hacía tiempo que anhelaba
Visitar este jardín
Y lo he logrado por fin
Cuando menos lo esperaba.
Yo quisiera en este instante
La mas santa inspiración,
O poder mi corazón
Retratarlo en el semblante
Pues verían, bien lo sé,
La satisfacción que siento
Desde el muy feliz momento
En que Tacuarembó pisé.
Mas ya que sin voz ni palma
Aquí me presento hoy
A hablaros tan sólo voy
Con los acentos del alma.
Yo de este instante deseo
Años de prosperidad
Para esta hermosa ciudad
En que por dicha me veo.
Que este edificio teatral
Que esta noche se inaugura
Debido a la galanura
De un simpático oriental
Sea el centro de reunión
Donde el público galante
Puede pasar un instante
De solaz y distracción.
Que artistas vean en él
Fieles hijos de Talía,
Y obras de nombre y valía
Interpreten siempre fiel.
Que todo artista pretenda
Lo que hoy anhela este actor:
Vuestra indulgencia y favor
Que esa es la mayor ofrenda.
Esto al pedir, soy leal,
Pues soy un aficionado
Que tan sólo se ha formado
Con la indulgencia oriental.
Y así deseo en la ausencia,
Cuando me aleje de aquí,
Recordar con frenesí,
Señores, vuestra indulgencia.
Y después que tanto os pido,
Aunque el pedir no está bien,
Dejad que os pida también
Un ¡VIVA TACUAREMBÓ!
Y que una inscripción tan sola
Lleve siempre este local,
La de un valiente oriental
¡EL CORONEL ESCAYOLA!

                 Eduardo Carmona

Sobre el escenario del Teatro Escayola se dieron zarzuelas, óperas, operetas, ballets, conciertos, comedias, dramas, conferencias, etc., con artistas, autores y personalidades de renombre, local y extranjero.
Las Compañías solían tener elencos muy numerosos, y sus integrantes, en la mayoría de los casos, eran hospedados en las casas de familias debido a que, en la Villa de San Fructuoso, no había, en ese tiempo, una cantidad suficiente de hoteles y pensiones. Muchos vecinos se solían disputar entre ellos a los artistas que querían hospedar, a pesar de que, muchas veces, ante el éxito obtenido, las funciones se solían prolongar durante varios meses.
Hasta el año 1909, su dueño, el coronel Escayola, era el que se encargaba de contratar y traer a estas Compañías. A partir del mencionado año, cuando el Coronel se radica definitivamente en la ciudad de Montevideo, la sala es vendida y pasa por manos de varias empresas hasta que, a partir de 1926, también es utilizada como sala cinematográfica en la que se proyectaban películas (que por aquella época eran mudas).
Ya en el año 1933, el Teatro Escayola pasa a llamarse “Teatro Uruguay” desconociéndose los motivos de este cambio que fue propuesto por el señor Eduardo Ferraz, dueño del “Café Uruguay” de Tacuarembó. Aparentemente, podría suponerse que Ferraz simplemente propuso el mismo nombre que ya tenía el café. Pero este hombre estaba muy vinculado al ambiente del espectáculo teatral y todo hace suponer que este cambio de nombre se pudo haber debido a cuestiones ideológicas de carácter político que impulsaron finalmente a eliminar el nombre de Escayola.
Veinte años más tarde, en el año 1953, cuando ya el Teatro funcionaba solamente como una sala cinematográfica, es adquirido por la Empresa PALMON (Palermo-Montemar) que, tres años más tarde, en 1956, decide clausurarlo y es éste el cierre definitivo como sala de espectáculos.
Al año siguiente, 1957, las instalaciones del Teatro Escayola son alquiladas por una agrupación de morenos que acababa de organizarse recientemente. La mencionada agrupación fue conocida bajo el nombre de “Club Artigas-Ansina”. Estos morenos, utilizan las instalaciones del Teatro para poner allí una especie de cantina y comienzan a organizar reuniones danzantes a las que sólo puede concurrir la gente de color.
Ansina era el apodo de un negro esclavo que oficiaba como “ayudante” del general Artigas al que siempre le cebaba mate; su nombre verdadero era Joaquín Lenzina (1760-1860). En Montevideo hay lugares públicos que ostentan su nombre e incluso tiene un monumento ubicado en la confluencia de las Avenidas 8 de Octubre e Italia.
Este club de morenos funciona solamente durante un breve período, alrededor de dos años. Cuando los negros desalojan el edificio, el recinto es alquilado a diversas familias que lo utilizan como vivienda colectiva. Es durante este período que el Teatro sufre el mayor de los deterioros: desaparecen y se destruyen cortinados, revestimientos, asientos, etc...
Finalmente el local lo adquiere Don Guillermo Rego y a partir de abril de 1962 instala allí toda la maquinaria de la imprenta Rego que, al menos, hasta la última vez que estuve, hace unos pcos años, seguía funcionando. A partir de entonces el edificio comenzó a ser mantenido en lo esencial, incluso se fueron reparando los cuantiosos daños ocasionados, sin cambiar las estructuras originales de su época de gloria.






  •   La escuela de Montevideo

    En 1891, el hijo adulterino de Escayola, radicado en Montevideo al cuidado y tutela de Anais Beaux, concurre a la escuela primaria y cuenta aproximadamente con unos siete u ocho años de edad. Sobre este tema, el abogado César Gallardo contó que en el mes de julio de 1930, época en que el cantor se hallaba actuando en el teatro Artigas de Montevideo, salió a caminar por el barrio Sur junto con Gardel, Morganti y Juan Antonio Collazo. Al llegar a la zona comprendida por las calles Convención, o Río Branco, a la altura de Canelones o Maldonado, el cantor se detuvo diciendo: “Por aquí fui a una escuelita. ¿Estará todavía el edificio?”.
    Para ubicar aquella escuela montevideana a la que decía haber concurrido el cantor, en 1961 fue publicada una fotografía, en la que aparecen Carlos Gardel niño y numerosos compañeritos del establecimiento, con la esperanza de que algún lector pudiera verse reconocido en ella y dar así testimonio de cuál fue la escuela en cuestión. Pero todo fue en vano porque la foto que se publicó presumiendo que había sido lograda en un establecimiento de Montevideo, pertenecía a una institución de Buenos Aires. No obstante, un lector (de quien el investigador Silva Cabrera no precisa ningún dato) escribió al periódico haciendo el siguiente comentario:
    “Conocí a Gardel en el “Tupí Nambá” (famoso café montevideano) por 1930 cuando yo charlaba con su apoderado Pedro Bernat, siéndome presentado por éste. Cuando Gardel se retiró de allí, Bernat me dijo: ¿Sabés que yo fui a la misma escuela que él?”.
    Con ese dato, aparentemente, sólo había que averiguar cuál fue la escuela en la que estudió Pedro (“Perico”) Bernat, y resultó ser la que dirigía su tía, Magdalena Jaume de Bernat, que se hallaba ubicada en la calle Soriano Nº 175, entre Río Branco y Julio Herrera y Obes. Es posible que también, Gardel niño, haya cursado algún grado en la escuela mencionada, pero, al menos hasta el momento, no se tienen pruebas concretas de ello. Lo que si se ha probado es que Gardel concurrió a la escuelita de la calle Durazno que en 1930 buscó y no halló.
    Este hallazgo se lo debemos a la paciente e incansable investigadora Martina Iñiguez. Esta importante estudiosa demostró, en los primeros años de la década del 2.000, que una fotografía, hasta entonces dada como perteneciente a distintos establecimientos educativos de Buenos Aires, había sido obtenida en la escuelita de la calle Durazno que el cantor, en 1930, buscaba y no pudo encontrar. Yo también creí durante mucho tiempo que esa foto pertenecía a una escuela de Buenos Aires, sin sospechar que se trataba de una de las tantísimas operaciones desinformativas llevadas a cabo con la deshonesta finalidad de desligar a Gardel de todo lo que se relacione con el Uruguay; parece ser que los seguidores de Armando Defino heredaron también sus rasgos tramposos y embusteros.
    El periodista Carlos Marín fue quien informó a Erasmo Silva Cabrera que la mencionada fotografía era del año 1893 y, según dijo, la fecha estaba anotada al dorso. Todo hace suponer que lo que dijo Marín era cierto porque al advertir que esa fecha documentaba que el cantor ya concurría a la escuela, no podía haber nacido en 1890, año en que nació Charles. Esta contradicción con la Historia Oficial hizo que “alguien” pegara por detrás de la foto, un cartón.
    Actualmente, la “Inquisición (de alguna forma hay que llamarla) Gardeliana” de Buenos Aires, continúa ignorando los resultados de la innegable verdad a que arribó Martina Iñiguez.
    La cancionista uruguaya Lágrima Ríos (1924-2006), en su infancia, concurrió a la escuela Nº 27 ubicada en la misma cuadra en que ella vivía; pero este edificio fue inaugurado en 1902, año en que la institución a la que concurrió el cantor se mudó al nuevo edificio dejando, a partir de entonces, de ser una escuela exclusivamente para varones.
    Lágrima Ríos declaró también:
    “Los edificios eran iguales, pero Carlos fue al que estaba a dos cuadras de aquí, haciendo esquina con Barrios Amorín” (antes, Médanos).
    La investigadora Martina Iñíguez entrevistó a la directora del Museo Pedagógico de Montevideo, la señora María Hortiguera, quien encontró documentación y planos de la Escuela Nº 27 ubicada en la calle Durazno 337. Las dificultades para individualizarla se debieron a que sobre la misma calle Durazno, a lo largo de tres cuadras, hubo, a través del tiempo, tres escuelas con la misma edificación.
    En el año 2.005, Martina Iñíguez tomó una fotografía de una de las escuelas construidas con la misma estructura y distribución edilicia. Se trata de la escuela Nº 94 ubicada, según la numeración actual, en Durazno 1331, que aún continúa funcionando.
    Es fácil advertir en dicha foto la similitud que tiene al compararla con aquella a la que concurrió Gardel. La segunda escuela, a la que concurrió Lágrima Ríos, fue demolida en el año 2.002 y sus planos muestran igual tipo de edificación y distribución.
    La tercera escuela funcionaba en el solar que hoy ocupa la Asociación Cultural Israelí Dr Zlitlovsky, Escuela Primaria Wara.
    El mismo año que Gardel asistía a esta escuela de Montevideo, Berta arribaba a Buenos Aires con su hijo Charles de dos años.

    Juan “Torora” Escayola

    Juan Gualberto Escayola (1841-1941), hermano mayor del Coronel, no mantuvo con él una relación tan estrecha como la que mantenía su hermano Segundo, el menor de los varones, hombre de confianza y administrador del patrimonio personal del Coronel.
    Juan Gualberto contrajo enlace con Benjamina Méndez y sus actividades rurales lo llevaron a residir en el Departamento de Paysandú. Tuvieron varios hijos, uno de ellos, Juan, apodado “Torora”, nació en 1871. Es decir que “Torora” era sobrino del coronel Escayola y primo de Gardel. Algunos descendientes de esta rama de los Escayola de Paysandú, de acuerdo a lo que me contara personalmente César Escayola, a quien apodan “Cerito” y es sobrino nieto de Carlos Segundo (el hijo menor de María Lelia) y, por lo tanto, también sobrino nieto de Carlos Gardel, se cambiaron el apellido quitando la “e” inicial, “Scayola”, según parece, para que no se los relacionara con los Escayola de Tacuarembó, a raíz de la vida que llevaba y la mala fama que, en ciertos círculos, tenía el Coronel.
    Juan Escayola, “Torora”, sintió desde muy joven una gran inclinación por todo lo relacionado con la tradición. Cantaba, tocaba la guitarra y escribía poemas gauchescos.
    En 1891, hallándose radicado en la ciudad de Minas, escribió unos versos a los que Carlos Gardel, ya profesional, les colocó música para cantarlos a lo largo de toda su carrera con el título “Sos mi tirador plateao” o, simplemente, “El tirador plateado”. La mencionada obra, habrá de ser la primera que Carlos Gardel llevará al disco en 1912; luego, en 1917, siendo ya integrante del Dúo Gardel-Razzano, la registrará por segunda vez y, finalmente, el último día que graba en Buenos Aires, en 1933, la llevará al disco por tercera y última vez.
    Todo hace suponer que "Sos mi tirador plateao" (obra conocida luego como “El tirador plateado”), llegó a manos de Carlos Gardel por medio de su parentesco con el autor. Pues, tal como iremos viendo, el cantor mantuvo buenas relaciones con muchos integrantes de aquella numerosa familia de Tacuarembó, aunque el Coronel no le permitiera formar parte de ella.

    “Carlitos”

    Al finalizar el año 1891, “Carlitos” continúa radicado en la ciudad de Montevideo bajo la tutela de Anais Beaux y del esposo de ésta, Fortunato Muñiz. Los cuidados que este matrimonio le prodigó en su infancia, generarían en Gardel, ya adulto, muchas expresiones de cariño y agradecimiento. Tales expresiones pueden ser halladas en muchas de sus cartas, como por ejemplo en la fechada el 20 de febrero de 1934, dirigida a Armando Defino, donde, refiriéndose al matrimonio en cuestión, el cantor los menciona diciendo:
    “viejitos que fueron como mis padres”
    o, en esta otra carta del 16 de octubre de ese mismo año, también dirigida a Armando Defino, en la que se puede leer este afectuoso envío de saludos:
    “Dale cariñosos saludos a don Fortunato, decile que no se preocupe... sabe que yo soy su hijo”.
    Estos fragmentos pertenecen a dos cartas que Carlos Gardel envió desde Nueva York a su apoderado Armando Defino quien se cuidó muy bien de no publicar tales expresiones en su ya cuestionado libro “Carlos Gardel. La verdad de una vida”; y es precisamente este ocultamiento lo que verdaderamente promueve sospechas y motiva un atento análisis de estas líneas.
    Durante el año 1892, todo indicaría que “Carlitos” continúa aún viviendo en la ciudad de Montevideo junto con el matrimonio integrado por Anais Beaux y Fortunato Muñiz. Y, aunque no se tienen datos fidedignos, según parece, por la dedicación que tienen para con “Carlitos”, el futuro cantor, durante el mencionado año, ya concurre a aquella escuela que, cuando adulto y famoso, buscó y no pudo hallar.
    No se han encontrado, hasta el presente otros datos acerca de la vida de Carlos Gardel a lo largo del año 1892.
    Al comenzar 1893, si tomamos en cuenta las dudosas declaraciones realizadas por la propia Berta en 1936, fallece en Toulouse el padre de Charles, es decir, Romualdo, aquel que supuesta y aparentemente habría viajado con ella a Francia:
    “Mi marido -dice- fue un hombre muy bueno... Mi hijito no alcanzó a conocer a su padre, pues éste murió allá cuando la criatura tenía apenas dos años...” y agrega que por ello retornó a Suramérica.
    La época en que supuestamente habría muerto Romualdo coincidiría con una epidemia de cólera desatada en algunas zonas de Francia a comienzos de 1893; pero de todas maneras carece de lógica que el padre de Charles tras cruzar el océano y vivir en Toulouse con Berta, no haya reconocido a su hijo cuando nació. Lo más probable es que en los años en que Berta hizo estas declaraciones, todavía los prejuicios sociales no le permitieran, a la mujer en general y a Berta en particular, hablar abiertamente sobre su situación como madre soltera.
    Isabel del Valle le comentó a Erasmo Silva Cabrera que doña Berta, mostrándole en cierta oportunidad un cuadro le dijo que ese hombre era “Romualdo, el padre de Carlos”, ignorando, Isabel, que, en realidad, era el padre de Charles. Ese cuadro, al que se refiere Isabel del Valle es el que aparece en una fotografía donde Carlos Gardel saluda con el sombrero en alto, sentado sobre un baúl de viaje.
    Por otro lado, la viuda de José Razzano, le dijo al mencionado periodista: “El marido (sic) de doña Berta se llamaba Romualdo”.
    Las declaraciones de Berta, por lo general, solían ser muy contradictorias; pues para la revista “La canción moderna” de junio de 1935 contó otra versión, en la que, por los prejuicios de la época, su casamiento terminó en separación:
    “Mis recuerdos de esa época son desagradables, mi madre no apoyó mi noviazgo ni mi casamiento que terminó en distanciamiento. Mi marido era un hombre muy bueno y los mejores sentimientos de Carlitos fueron heredados de él. Pero yo no podía vivir en medio de la incomprensión y decidí abandonar Francia. En 1893, con mi hijo de apenas dos años, emigré a Buenos Aires”.
    Berta y Charles en el Plata
    Durante los primeros años de la década de 1960, Erasmo Silva Cabrera halló, en la Dirección Nacional de Migración de Buenos Aires, el asentamiento de la llegada de Berta Gardes con su hijo Charles. Constaba allí que el día 9 de marzo de 1893, del vapor “Don Pedro”, procedente del puerto francés de Marsella, desembarcaron entre otros muchos pasajeros, los siguientes:
    -“Nº de Orden 121: Berta Gardes, viuda 27 años de edad, planchadora, católica, pasaporte Nº 94 .
    - Nº de Orden 122: Charles Gardes, 2 años, pasaporte de la madre”.
    La mención del pasaporte de la madre y no de uno propio y distinto para su hijo ya supone una prueba de relación filiatoria entre ambos y la incorporación documental del niño al pasaporte de su madre significa que Charles llega al país con su documentación en regla. Sin embargo, quienes quieren que ese niño sea Gardel no explican las causas por las que, ya joven, no obtuvo sus documentos argentinos en los que figurara su filiación como francés, pues nadie imaginaba que en 1914 se desataría la primera guerra mundial. Además las leyes facilitaban la documentación de todo extranjero mediante la obtención de su cédula de identidad que, incluso, era otorgada por las autoridades policiales por razones de seguridad.
    Continuando con la suposición de que Charles Romualdo sea Gardel y teniendo en cuenta que al finalizar el año 1908 Charles cumplió los 18 años de edad, no se puede argumentar que él ya sabía que en 1914 se declararía la llamada primera guerra mundial y que en 1928 tendría que cantar en Francia y que si se declaraba francés sería, como suelen creer inocentemente muchos tangueros compatriotas míos, un “desertor de guerra”. Y... mejor no insistir en aclararles las cosas porque cuando advierten que no encuentran fundamentos para sostener su creencia se enfurecen.
    Lo cierto es que a partir de este hallazgo de Erasmo Silva Cabrera, muchos investigadores relatan que Berta y Charles figuran en la Dirección de Migraciones de Buenos Aires. No obstante, el investigador uruguayo Eduardo Paysee González, en el mes de junio de 1989, concurrió a la Dirección de Migraciones y allí, un alto funcionario le informó que “la hoja que contenía esa referencia fue arrancada, ignorándose el autor de tal depredación...”
    Posiblemente, ésta haya sido la causa por la que nunca fue publicada la reproducción de la página en que constaba la llegada al puerto de Buenos Aires de Berta y su hijo pues, según se desprende, el investigador Erasmo Silva Cabrera tomó nota del contenido y no fotografió el documento.
    Por su parte, el investigador Ricardo Ostuni, entre los meses de mayo y junio del año 1994, indagó en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos, donde se encuentra el archivo de la Dirección de Migraciones y tampoco allí vio asentado el arribo de Berta y Charles.
    El arribo a Montevideo
    En mayo de 1936, cuando por primera vez se publica un libro sobre la vida del cantor, titulado  “Estampas de Gardel”, sus autores, Américo Zaffaroni y Agustín Pucciano, decían:
    “Allá por 1893, llegaba de Toulouse (Francia) la esposa de un tipógrafo, dueño de una imprenta (...), se llamaba Berta Gardes, de nacionalidad francesa, de estado viuda y de oficio planchadora. Traía consigo un pequeño niño de 26 meses, de nombre Carlos. Su arribo a estas playas traía por objeto trabajar. Así lo hizo en Montevideo, luego Tacuarembó, después Buenos Aires (...).
    Andanzas propias de los tantos inmigrantes de aquella época que tanteaban el terreno propicio para su labor”.
    Lo más probable es que estos autores hayan confundido el arribo de Berta a Uruguay con su anterior llegada a ese país. Según vemos, Zaffaroni y Pucciano, aunque creen que Gardel es francés, como muchos lo creyeron en un primer momento tras su muerte, mencionan al tipógrafo que con los años sería dejado de lado para reemplazarlo por distintos padres a lo largo del tiempo.
    El día 8 de julio de 1935, la popular revista “La canción moderna” publica una nota en la que José Colom Conteras, presidente de la Asociación de Aborígenes, afirma que Carlos Gardel es francés y que llegó primero a Montevideo para venir luego a Buenos Aires.
    A pesar de las confusiones que a menudo surgen entre Charles, el francés, y “Carlitos”, el uruguayo, todo indicaría que Berta Gardes y su hijo, ni bien arribaron a Buenos Aires, viajaron al Uruguay donde se radicaron un breve tiempo en Montevideo y luego, desde allí, junto con su amiga Odaline Ducasse de Capot y el hijo de ésta (Esteban Capot, que ya contaba con 11 años de edad), junto con Anais, Fortunato y “Carlitos” vinieron a Buenos Aires.
    Mateo Parisí
    Que “Carlitos” aún se hallaba en Montevideo, lo confirmaría la matrícula Nº 143 de la Escuela Nº 27, situada en la calle Durazno 347 donde fue anotado como José Oliva, de 10 años, en 1893, figurando como su tutor el militar Pedro Oliva, hermano de María Lelia Oliva, la verdadera madre del cantor.
    Este militar, mientras permaneció destinado en la ciudad de Montevideo se ocupó del niño siendo una gran ayuda para la amiga de Berta, Anais Beax. En el mes de abril de 1893, el niño en cuestión deja de concurrir a la escuela, hecho muy significativo porque coincide con el expreso pedido del Dr. Mateo Parisí (yerno de Escayola), enviado por el Coronel para entrevistarse con Berta, para que continúe con la tutela de “Carlitos” interrumpida por su viaje a Francia.
    Para ello debe instalar su domicilio en Buenos Aires, recibiendo en pago la suma de 3.000 pesos uruguayos (una pequeña fortuna) que Berta acepta.
    La ayuda monetaria que enviaba Carlos Escayola por intermedio de su yerno, el Dr. Mateo Parisí, se prolongó durante algún tiempo, aunque, hasta el momento, no se ha podido establecer la duración de ese período.
    Arturo Meneses, casado con María Lelia Escayola (hermana entera de Gardel) dijo que el doctor Parisí, casado con Amabilia Escayola (hija del primer matrimonio del Coronel), tras la muerte del cantor, habiendo leído en un diario argentino que había aparecido un testamento en el cual Gardel declaraba ser francés, comentó:
    “Fijate que ahora dicen que Carlos Gardel era francés, cuando fui yo que le arreglé todo a Escayola y que cada tanto le enviaba dinero a la francesa a Buenos Aires, cuando ella me enviaba gastos efectuados...”
    Por otra parte, el hoy olvidado Romualdo López, padre de Charles Romualdo, pertenecía a una familia de cierta importancia radicada en Villa de San Fructuoso, y Berta, hallándose en la ciudad de Montevideo se entera (tal vez por boca del propio Mateo Parisí) que el padre de Romualdo no pararía hasta quitarle a su hijo Charles. Por tal motivo, cuando se establece en Buenos Aires, Berta entrega a Charles a la señora Rosa Carrol de Franccini, mientras ella vive con “Carlitos” en la casa de Anais Beaux. No es por amor que Berta retiene a “Carlitos”, sino que se desprende de Charles para protegerlo de las amenazas de los familiares de Romualdo.



    Isabel Méndez de Tourneé

    Según el testimonio de una antigua vecina del barrio Sur de Montevideo, el tipo de escuela a la que asistió “Carlitos” en la capital uruguaya era, aparentemente, una institución de carácter maternal organizada mediante algún régimen de internación temporal, tal vez semanal, cosa muy poco probable, o de doble escolaridad. Así parece testimoniarlo una mujer del mismo barrio, descendiente de esclavos, doña Isabel Méndez de Tourneé, quien en 1960, a los 86 años de edad, consultada por el investigador Erasmo Silva Cabrera, contó que “Carlitos fue sacado de un establecimiento de ese carácter para ser llevado a Buenos Aires”.

    El único hogar de “Carlitos”

    Aparentemente, además de una hija que tuvo Anais Beaux y de la que prácticamente nunca se habló de ella, la pareja integrado por Fortunato Muñiz y Anais Beaux no tuvo descendencia y conformaron el único y verdadero hogar que “Carlitos” conoció a lo largo de su infancia. El cantor nunca descuidó a esta pareja y siempre les hizo llegar periódicas sumas de dinero. Nunca supe si estaban o no casados, pero de cualquier forma considero que eran un matrimonio ya que ese vínculo no lo establecen los papeles sino los sentimientos y la convivencia. Algo importante habrán dejado en Gardel ya que siempre se preocupó por ellos.
    En una carta (sin fecha) que Armando Defino le envía a Carlos Gardel, cuando éste se encontraba filmando en Nueva York, en 1934, le cuenta:
    “Don Fortunato y Doña Anais siguen muy bien (...). El sábado estuve un rato con los dos, por la tarde, y les llevé la mensualidad de febrero. Siempre les digo que tengo orden tuya de que digan cualquier cosa, si es que no les alcanza lo que les das, o si hay algún gasto extra en la casa; pero tú sabes que son económicos y se ajustan muy bien al presupuesto. Me encargan te mande sus afectos...”

    Buenos Aires

    Doña Anais, Don Fortunato y el pequeño “Carlitos”, junto con Doña Berta y Charles, arriban a Buenos Aires y se instalan provisoriamente en una casa de la calle Montevideo, entre Corrientes y Lavalle; allí abren un taller de planchado.
    Al poco tiempo se instalan en una casa de inquilinato ubicada en Uruguay 162, mientras que el taller de planchado empieza a funcionar en Talcahuano 35.
    A todo esto, el futuro trovador, “Carlitos”, concurre a la escuela que, de acuerdo a los datos brindados por el historiador y sacerdote jesuita Guillermo Furlong (1889-1974), se trataba de la, por entonces llamada, “Escuela Gratuita para Niños Pobres”.
    José Razzano (1887-1960) y el actor Roberto Cassaux (1885-1929), hicieron declaraciones en las que ambos dijeron conocer ese establecimiento porque ellos habían concurrido a ese... “Colegio de niños pobres donde también estuvo Carlitos”.
    Aquella institución era en realidad un orfelinato con régimen de internados al que Berta envió a Carlitos porque “...era un vagabundo (...) no quería estudiar Emoticono like andaba en la calle todo el día...” según sus declaraciones para el diario “El Debate” de Montevideo del 13 de agosto de 1935. Aquel colegio, que estaba ubicado a pocas cuadras del conventillo de la calle Uruguay en que vivían nuestros personajes, era el Colegio Regina, una repartición destinada a los niños pobres que dependía del “Colegio Católico del Salvador”.
    Durante los primeros años de la década de 1960, al no hallarse en los archivos documentos del siglo anterior, el sacerdote Segundo Reyna le informó, en forma terminante, a Silva Cabrera:
    “Mire: los viejos sacerdotes de este colegio afirmaron siempre que Gardel estuvo aquí”.
    Por su parte Armando Defino en 1949, en un reportaje realizado para la revista “Radiofilm”, declaró, refiriéndose a los primeros años escolares de “Carlitos”, sin aclarar que fueron en Montevideo:
    “Después de cursar los años primarios, Gardel estuvo en el Colegio del Salvador”.
    Pero Armando Defino no sólo no aclara que “Carlitos” había iniciado el ciclo primario en Montevideo sino que tampoco aclara que el niño concurría al Regina, filial del Salvador destinada a los niños pobres, pues al Colegio del Salvador concurrían los niños de familias de cierto nivel económico.

    Rosa Carrol de Vacca

    En 1894, Berta deja a su hijo Charles en casa de una familia para que lo cuide mientras ella trabaja en el taller de planchado de su amiga Anais. La misma Berta comentó para “La canción moderna” del 6 de junio de 1936:
    “La vida en ese tiempo era muy dura y por mi trabajo me era materialmente imposible atender a Carlitos, entonces fue que resolví entregarlo a una familia que lo quería como a un hijo y de quienes éramos casi vecinos. Así, la casa de doña Rosa C. de Francini se convirtió en un verdadero hogar para mi hijito...”
    Rosa C. de Francini, italiana, nacida en 1849, de estado civil viuda, era en realidad Rosa C. de Vacca, desconociéndose la causa por la que Berta le cambió el apellido de casada. El de soltera era Carrol y fue madre de cinco hijos: Fortunato (nacido en 1877), Ángela (nacida en 1880), Francisca (nacida en 1882), Juan (nacido en 1884) y María (nacida en 1889).
    Los hijos de Rosa Carrol de Vacca declararon en 1936:
    “Nosotros vivíamos en la calle Corrientes entre Paraná y Uruguay, en una casa de inquilinato. Nuestra madre lo quería a Carlitos entrañablemente y éste la llamaba “mama Rosa”. Doña Berta venía a verlo muy a menudo y se puede decir que tenía dos amores maternos.”
    Este Carlitos, al cuidado de Rosa Carrol de Vacca, no es Gardel como muchos estudiosos han creído contribuyendo a alimentar la confusión y apoyando, aún sin pretenderlo, el macaneo de la Historia Oficial en mi país (Argentina).
    El cantor, ya adulto, jamás se refirió a “mama Rosa” en sus cartas y ningún amigo íntimo supo nunca nada de la existencia de ese personaje durante su infancia. Isabel del Valle, por ejemplo, se mostró muy sorprendida al respecto ya que era inconcebible que el cantor, que siempre fue un hombre muy agradecido con aquellos que lo cuidaron y ayudaron en su infancia, hubiese olvidado totalmente a una mujer que lo cuidó durante cinco años. Aquel chico era Charles, el francés, que convivió con esta familia hasta 1899.
    Indagando sobre esta circunstancia tan particular, el día 4 de febrero de 1984, el estudioso e investigador uruguayo Nelson Bayardo entrevistó a Isabel del Valle y cuando le preguntó si la tal “mama Rosa” cuidó a Gardel, ésta le respondió:
    “¡Ah, usted lo que dice es la Vacca! ¡Pero que va a cuidar a Carlos! ¿De donde lo sacó? ¡Que disparate!
    Por otra parte, refiriéndose a la misma época, Esteban Capot, el amigo de la infancia del cantor, declaró lo siguiente para el diario “Crítica” en su edición correspondiente al 28 de junio de 1935:
    “Cuando Berta iba al taller de planchado dejaba a Carlitos al cuidado de mi madre”.
    De la relación entre Berta Gardes y Rosa Carrol quedó como prueba una foto tomada, según aclaró debidamente la investigadora Martina Iñíguez hace ya varios años, en el estudio fotográfico “Benincasa Hnos” de Buenos Aires, fundado en 1892. Dicha fotografía es del año 1894 ó 1895. La niña que aparece con Gardel es Francisca, hija de doña Rosa, un año mayor que el cantor. Es decir que el cantor tendría once años y la niña doce. Pero quienes a toda costa quieren que Gardel sea francés, dicen que la niña de la foto es María, hermana de la anterior, nacida en 1889. De esa manera este niño es presentado como Charles y la foto pasaría a ser de fines de 1901 ó 1902, cuando Charles tenía 11 años.

    Odaline Ducasse de Capot

    Odaline Ducasse de Capot, la madre de Esteban Capot, vivía en la calle Talcahuano Nº 64, es decir, en la misma cuadra del taller de planchado de Anais, pero de la vereda de enfrente. Y ese chico que doña Berta le dejaba cuando iba a trabajar, era “Carlitos”, el uruguayo, el futuro cantor.
    De acuerdo a estos datos, “Carlitos” era “dejado” con Odaline cada vez que Berta iba a trabajar, mientras que a Charles tuvo que “entregarlo” a una familia; es decir que son dos testimonios distintos que expresan cosas diferentes, referidas a dos hechos independientes entre sí y que hablan de dos pibes distintos.
    Es importante dejar claro que Charles Romuald Gardes y Carlos Gardel fueron dos personas distintas y sin parentesco entre sí. Para ello, en la próxima entrega, analizaremos los controvertidos testimonios de Esteban Capot que, pretendiendo demostrar que Gardel era francés dio, sin proponérselo, innumerables pruebas de que no lo era, según las declaraciones que hiciera, en dos oportunidades: la primera, antes de que se conociera el falso testamento de Gardel para el diario “Crítica” y la segunda, muchos años más tarde para la revista Platea, ambas publicaciones, de Buenos Aires.
    (CONTINUARÁ)

    Foto de Armando Lofiego.
    La investigadora argentina Martina Iñiguez




    sábado, 25 de abril de 2015

    LOS ORÍGENES DE CARLOS GARDEL. Capítulo IV.

      Durante la década de 1960, Erasmo Silva Cabrera entrevistó a Juan Antonio Magariños Pittaluga. Este hombre, que había sido representante de artistas y corredor del Banco de Seguros del Estado, fue también Secretario del Presidente de la República Oriental del Uruguay, Dr. Baltasar Brum (1883-1933), durante el período en que éste ejerció la primera magistratura (1919-1923).
    Magariños Pittaluga (que tenía mucha amistad con Gardel y el cantor lo llamaba “Maga”) le contó al ya mencionado Silva Cabrera:
    “Alrededor de 1921 cuando Gardel y Razzano vinieron a actuar a Montevideo, como tantas otras veces, estábamos en la tarde tomando mate en la pieza de una pensión de la calle Rincón (...) donde se encontraba también el boxeador José Lecture. En determinado momento Carlos me preguntó con uno de esos graciosos vocablos que él siempre tenía a flor de labios:
    --Che, “Maga”, vos ¿en que te ‘revolvés’ ? (¿De que vivís?)
    --Soy Intendente de la Intendencia General del Ejército y la Armada.
    --Ahí tenés: vos trabajás allí y yo soy hijo de un militar.”
    El 25 de octubre de 1933, en horas del mediodía, Gardel se hallaba en Paysandú en compañía del ya mencionado Magariños Pittaluga y del ingeniero José Fosalba conversando y mateando, según se puede observar en una fotografía donde el cantor aparece de traje y sombrero (como quien está de paso), sentado en una reposera y tomando mate.
    El nombrado Magariños Pittaluga, en un momento dado de la conversación, mientras tomaban mate, interrogó a Gardel, refiriéndose a la gira que éste se hallaba haciendo por Uruguay:
    --“¿Que vas a hacer ahora Carlos?
    -- Mirá no se. Estoy esperando una llamada telefónica de Perico (se
    refiere a su apoderado en Uruguay, Pedro Bernat).
    -- Puede ser que vaya a un teatro de Rivera.
    -- Entonces podés hacer doblete en Tacuarembó (sugiere Magari-
    ños)
    -- No, allí no voy (responde Gardel muy serio)
    -- ¿Por que no, si te queda de paso?
    -- Vos sabés porqué no voy”.
    Y el cantor, dando por cerrada la conversación, continuó tomando mate.
    Se debe tener en cuenta que en el año 1933 la única sala de espec-táculos en Tacuarembó era el Teatro Escayola.

    EL TEATRO ESCAYOLA

    De acuerdo a una nota presentada ante el gobierno de la República Oriental del Uruguay por intermedio de su apoderado, el señor Pedro Castelli... “…el coronel Carlos Escayola solicita se den una prórroga a los años vencidos para la construcción del Teatro”.
    El Gobierno, a cargo ahora del general Máximo Tajes responde:
    “En atención a lo aconsejado por el Fiscal se resuelve acceder una
    prórroga de dos años. Montevideo, 19 de octubre de 1888”.
    Recordemos que Escayola, el 14 de noviembre de 1883, en Montevideo... “se presentó manifestando que varios propietarios y hacendados, habían concebido la idea de construir un edificio para Teatro en la Villa de San Fructuoso, cotizándose por acciones”.
    En efecto, esto se llevó a cabo de la forma que el mismo coronel Es-cayola informa en una solicitada que fue publicada por el diario “El Comercio” el día 20 de junio de 1888; se había recolectado por 45 acciones, a 100 pesos cada una $ 4.500; que el interés producido por ese dinero en 4 años, colocado al uno y medio por ciento mensual y sin capitalizar sumaba $ 3.240, con lo cual sumaba un total de $ 7.740.
    Con esta suma de dinero lograda a lo largo de cuatro años apenas si se podía iniciar la obra. Esta dificultad suscitó algunos inconvenientes pues ya se había obtenido la prórroga solicitada y el proyecto del Teatro no podía esperar más.
    Hasta los amigos y partidarios del Coronel Escayola veían la construcción del Teatro como algo imposible de realizar.
    Pero Escayola, sabiendo que el proceso político contra él, por el asesinato, en septiembre de 1886, de los hermanos Royano ya va llegando a su fin, y previendo que el Presidente de la Nación, lo menos que hará es pedirle la renuncia al cargo de Jefe Político de Tacuarembó y, con ello, perderá el de Jefe de Policía (cosa que ocurrirá en enero del próximo año), con el único fin de mantener en alto su reputación y prestigio de hombre fuerte e importante en San Fructuoso, poniendo todo su ímpetu y energía en la construcción del Teatro agrega, de su propio dinero, la cantidad que faltaba para poder iniciar la obra.
    Con este prestigioso emprendimiento, Escayola logró enmudecer a sus enemigos mas declarados.
    El costo total de la obra fue de $ 25.000, lo que representaba una suma fabulosa para la época.

    NUEVAMENTE LA FIEBRE DEL ORO

    La Compañía Francesa del Oro del Uruguay nombra un nuevo director y administrador para trabajar en Minas de Corrales; se trata del ingeniero Juan Belquien quien, con maquinarias modernas, adquiridas en los Estados Unidos, intentará continuar con la explotación de las minas. Y, sorpresivamente, apenas instaladas las máquinas, comenzaron a dar excelentes resultados: en un mes se extrajo una cantidad tan abundante de oro que renació en la zona la fiebre del oro. Puede decirse, en general, que en todas las minas se obtenía una importante cantidad de oro. Con este golpe de suerte, San Fructuoso recupera su auge económico y el cabaret “La Rosada” vive una nueva época de éxito y esplendor.

    TERCER MATRIMONIO DE ESCAYOLA

    En el mes de enero de 1889, tal como lo adelantáramos, el presidente Máximo Tajes, separa de los cargos de Jefe Político y Jefe de Policía al coronel Carlos Escayola, por el asesinato de los hermanos Royano, maniobra que el Coronel llevara a cabo en el mes de septiembre de 1886. Este hecho dio lugar a numerosas denuncias de importantes vecinos de Villa San Fructuoso lo que motivó la reapertura de un expediente para retomar el caso y efectuar las investigaciones correspondientes.
    Durante el transcurso de este año (1889), la Iglesia le otorga al coronel Carlos Escayola, que por entonces contaba con 44 años de edad, la autorización solicitada por él, durante el año anterior, para poder contraer enlace con su ahijada María Lelia Oliva, de sólo 20 años de edad.
    De esta manera, y ese mismo año, María Lelia y el Coronel contraen enlace, siendo ésta la tercera y última boda de Escayola.
    De este matrimonio nacerán cinco hijos, algunos de los cuales, a pesar del gran hermetismo, reconocerían finalmente su parentesco con el cantor.
    Durante el transcurso del año de la boda (1889), María Lelia Oliva da a luz a los mellizos Julio César y Juan Carlos.
    Como es natural, todos los hijos de este tercer matrimonio del Coronel con María Lelia resultan ser hermanos enteros de Carlos Gardel.

    ROMUALDO LÓPEZ

    Durante varios años, Minina Flor siguió al frente de “La Rosada”. Esta mujer y Berta fueron las protagonistas de un violento incidente cuando Minina amenazó a Berta con descubrir sus secretos amores con un tipógrafo del diario “El Heraldo” y Berta, le partió la cabeza con una plancha. La tal Minina Flor, a instancias de Escayola, no la denunció como pretendía hacerlo y el Coronel ocultó el suceso.
    Berta Gardes, en el cabaret “La Rosada”, se había relacionado sentimentalmente con Romualdo López, un lugareño que se desempeñaba como tipógrafo en el diario “El Heraldo” de Tacuarembó.
    El dueño de la imprenta y director del mencionado periódico era Clelio Oliva, uno de los hermanos varones de las hermanas Oliva y, por lo tanto, cuñado de Carlos Escayola. De este dato han dado testimonios el escritor Francisco Pintos y sus primas Olimpia y Juana Pintos, dos hermanas que se desempeñaron como maestras y que fallecieron a los 90 y 91 años de edad respectivamente, en Montevideo. Estas tres personas fueron entrevistadas por el periodista Erasmo Silva Cabrera a lo largo del año 1960.
    Otro indicio, sobre la existencia del tal Romualdo en la vida de Berta, lo dio Cátulo Castillo en una nota publicada en la revista mensual “Buenos Aires Tango”, de mayo de 1971, donde, hablando de Gardel, comenta que “...doña Berta, su madre (sic), respetaba un recuerdo elogioso de un famoso Romualdo -don Romualdo- ligado a su epopeya de allí en Tacuarembó, donde supo vivir en mocedades épicas”.

    PRIMERAS OCUPACIONES DE “CARLITOS”

    Durante el año 1889, “Carlitos”, que era ya un pibe con alrededor de seis o siete años, comienza a realizar algunas tareas propias de su edad por la zona rural del Departamento de Tacuarembó. En forma casi permanente se lo puede ver haciendo mandados y diligencias según el testimonio de don Marcos Javier Estévez, antiguo vecino de la región que, además, fue uno de los testigos de la inscripción del nacimiento de Irineo Leguisamo en Arerunguá, localidad que se halla a unos 60 Km. al Oeste de la actual Ciudad de Tacuarembó, antes Villa San Fructuoso.
    En 1960, el señor Estévez, ya anciano, al ser entrevistado por Silva Cabrera, declaró haber conocido a “Carlitos”... “Haciendo mandados de guricito por Curtina”.
    Es importante aclarar que la localidad de Curtina, se halla ubicada a unos cuantos kilómetros al Sur de Valle Edén. Es muy posible que el chico recorriera esa distancia en carro, volanta o sulky e incluso que se alojara hasta finalizar con los mandados que se le encargaban en alguna estancia de la zona, tal como lo continuaron haciendo durante mucho tiempo (tanto en Uruguay cómo en Argentina) los chicos nacidos y criados en zonas rurales.

      Hacia el mes de marzo de 1890, cuando finaliza el mandato del general Máximo Tajes, toca a su fin el triste y lamentable período militar iniciado en 1876.
    Durante estos desoladores catorce años de funestas dictaduras fue cuando surgió a la vida pública y se encumbró el coronel Carlos Escayola.
    Ahora, ante los cambios que seguramente se avecinan en todo el Uruguay, una gran inquietud comienza a apoderarse del exhombre fuerte del Departamento de Tacuarembó al ignorar que posición ocupará en el futuro cuando se vaya normalizando la vida del país.

    Berta y Minina

    Entre los meses de mayo y junio de ese año (1890), Carlos Escayola advierte las relaciones sentimentales que unen a Berta y Romualdo, el tipógrafo del diario “El Heraldo”, periódico dirigido por Clelio Oliva, cuñado del Coronel, e incluso se entera que Berta se encuentra embarazada.
    Escayola (refiriéndose al golpe que le dio a Minina Flor) amenaza a Berta con hacerla detener si es que no cumple con la condición de alejarse del lugar llevando con ella al niño nacido en la estancia “Santa Blanca” y que, desde hace algún tiempo, tiene a su cuidado.
    Berta, amenazada de muerte, no debía revelar nunca el nombre de la madre de ese niño.
    Por su parte, el joven Romualdo López, enfrenta el embarazo de Berta, recurriendo a su propio padre, en busca de ayuda, y éste amenaza a su hijo con quitarle la criatura ni bien nazca debido a la desordenada vida que lleva la futura madre.
    Al mismo tiempo, Carlos Escayola deja de pagar el alquiler de la casa que Berta habita en 25 de Agosto y Treintaitrés, en Tacuarembó. Y así, ante tantos inconvenientes, totalmente desamparada, embarazada y amenazada con ser detenida, Berta decide alejarse de San Fructuoso con la idea de retornar a su Francia natal.
    Berta se lleva al niño con la orden de hacerlo desaparecer no sólo de Tacuarembó sino también del Uruguay. Tengamos en cuenta que para la mentalidad y la situación que vivía el Coronel, era importante deshacerse de aquella criatura porque ahora se hallaba casado con la madre y él era el padre. Por todo ello es que Carlos Escayola le hace semejante propuesta a Berta quien, forzada por la situación que vive, acepta y viaja hacia Montevideo con el niño indocumentado.
    En el libro “El tango y su rebeldía”, su autor, Andrés Chinarro, cuenta:
    “Pepe Guerriero, flautista de la guardia vieja, me señaló hace muchos años con carácter de secreto, que doña Berta no era la madre de Gardel, sino su madre adoptiva...”

    Los medios de transporte

    Los viajes, por el interior de la República Oriental del Uruguay, por lo general, se hacían, por aquellos años, en carruajes cerrados de cuatro ruedas, tirados por dos caballos. Estos vehículos eran destinados al transporte de pasajeros y podían llevar hasta seis personas con sus equipajes. Si bien estos coches tenían cierta elegancia estética, el andar denotaba una gran rusticidad y dureza en su construcción. En efecto, en lugar de elásticos, el habitáculo en que se alojaban los pasajeros se encontraba montado sobre cuatro lonjas gruesas y anchas de cuero, una al lado de cada rueda; estos soportes de cuero recibían el nombre de sopandas.
    Las cuatro sopandas le otorgaban a la carrocería una cierta movilidad con respecto a las ruedas que seguían las imperfecciones del terreno. El uso corriente de vehículos con tales características dio lugar a que, por extensión, se los llamara precisamente con ese mismo nombre: sopandas. Y así, comúnmente, se hablaba de viajar en sopanda o abordar (o tomar) una sopanda para ir a tal o cual lugar.
    Tomando en cuenta lo reducido del país, los ferrocarriles, en el Uruguay no tuvieron un gran desarrollo, y mas aún en aquellos tiempos. De Montevideo a Tacuarembó hay algo mas de 400 Km. y el tren solamente llegaba hasta Paso de los Toros; pero además era cosa muy habitual que hicieran el itinerario con poca frecuencia y en forma irregular. Esto dio lugar, hasta bien entrado el siglo XX, a la permanencia de empresas dedicadas a llevar pasajeros, cargas generales, encomiendas y correspondencia, que funcionaban por medio del sistema de postas en las que se descansaba, se comía, se pasaba la noche o varias días (en caso de mal tiempo) y se renovaban los caballos por otros descansados para continuar el viaje que, desde Montevideo hasta Tacuarembó, en la época que estamos ubicados, solía durar alrededor de una semana; todo dependía del estado del tiempo y de los caminos. En las sopandas solían viajar generalmente las familias y las mujeres; los hombres solos, por lo general, cabalgaban utilizando las postas para descansar y renovar los caballos.
    En Argentina, también existió el sistema de postas, aunque el vehículo más frecuentemente usado fue la diligencia, capaz de transportar una docena, o más, de pasajeros con sus equipajes, algunas encomiendas pesadas adicionales y gran cantidad de correspondencia. Estas diligencias, en general tiradas por seis o más caballos, solían cubrir largas distancias a gran velocidad, mientras que las sopandas al contar sólo con dos caballos, recorrían sus trayectos con cierta calma, tratando de conservar las energías.
    Las postas argentinas estaban más alejadas entre sí y, este sistema, todavía en uso durante el período que estamos tratando, fue paulatinamente reemplazado por las líneas férreas.
    En cuanto a las cargas pesadas, o de grandes dimensiones, eran trasladadas en enormes carretas tiradas por varias yuntas de bueyes (por lo menos tres) cubriendo grandes distancias (de 500 a 1.000 Km) y, llevando en arreo, una cantidad de bueyes, por lo menos, igual a los que iban uncidos para renovarlos todos los días.
    En cambio, cuando se trataba de transportar elementos de menor tamaño y peso, el transporte que se utilizaba eran rústicos carros tirados por una sola yunta de bueyes siempre que el viaje no fuese muy extenso, por lo general, menos de 50 Km. Estos carros eran conocidos con el nombre de “carretones”.
    “Carlitos” en Montevideo
    Cuando Berta Gardes salió de Tacuarembó, llevando consigo al niño indocumentado del coronel Escayola y María Lelia, lo hizo con la aparente finalidad de viajar con él a Europa. Pero, al llegar a la capital uruguaya, tenía ya tomada la firme decisión de embarcarse sola hacia su país natal para que su hijo nazca en Francia. Por este motivo, intenta dejar al hijo del Coronel internado en alguna institución dedicada al cuidado y protección de la infancia. Sin embargo, Berta Gardes no puede lograr ese objetivo debido a que cuando pretende internar al pequeño en una organización oficial conocida como el “Consejo del Niño”, tropieza con serios inconvenientes ante la total ausencia de documentos y, tal vez, por sugerencia de algún miembro de la mencionada institución, Berta tramita desde la capital uruguaya un asentamiento parroquial en Tacuarembó que le permitirá obtener, cinco años más tarde, un certificado de identificación.
    Ante la demora en las tramitaciones para obtener desde Montevideo el mencionado asentamiento parroquial en Tacuarembó, Berta Gardes deja el niño en manos de su amiga Anais Beaux, para que ésta continúe con las diligencias destinadas a su internación, y se embarca hacia Francia, donde desea dar a luz a su hijo.

    Anais tutora de “Carlitos”

    Anais Beaux (recordemos que se trata de una de las dos amigas con las que Berta Gardes llegó de Francia) se encuentra radicada en un conventillo del Barrio Sur de la Capital uruguaya donde vive con Fortunato Muñiz, un argentino que habrá de ser el compañero de toda su vida.
    El testimonio fundamental de que aquel niño quedó radicado en Montevideo a cargo de Anais y Fortunato, lo dio la señora Juana Gil de Daneri, que era la esposa del dueño del diario “La Democracia” (de la República Oriental del Uruguay). Esta mujer, de profesión mo-dista, al comenzar la década de 1960, ya nonagenaria, le contó a Sil-va Cabrera que atendió muchas veces a Berta quien le había confesado estos hechos aunque sin aclararle nunca que Gardel no era hijo suyo.
    Todo parece indicar que Anais Beaux no estaba de acuerdo con Berta Gardes acerca de la idea de internar al pequeño en la por entonces muy prestigiosa institución oficial llamada “Consejo del Niño”.
    Este desacuerdo se deduce fácilmente por la actitud que asume Anais; cuando Berta se embarca: no interna al niño y lo tiene a su cuidado esperando el regreso de su amiga.

    Nace Charles Romuald Gardes

    Tas la muerte del cantor, Berta Gardes declaró al periodismo que en aquel viaje a Europa la acompañaba el futuro padre de la criatura. Lo extraño es que cuando el niño nació haya sido anotado como hijo natural, circunstancia ésta que torna más que dudosa su declaración. Lo cierto es que el hijo de Berta, según consta en el “Acta de Nacimiento”, llega al mundo en Toulouse, Francia, el día 11 de diciembre de 1890 y de inmediato es anotado, como hijo de padre desconocido, con el nombre de Charles Romuald Gardes.
    El mismo día en que el niño nació fue bautizado, figurando, erróneamente, en el “Acta de Bautismo”, como fecha de nacimiento el día 10 de diciembre. Esta confusión entre 10 y 11 de diciembre, muy posiblemente se deba a que el parto se produjo a las dos de la mañana del día 11 y al bautizarlo se hayan tomado las dos primeras horas de ese día como pertenecientes a la noche del día anterior. Era éste un error frecuente por aquellos tiempos.
    En la actualidad, para poder afirmar que Charles Romuald Gardes y Carlos Gardel son una misma persona, en lugar de una copia fiel del “Acta de Nacimiento”, se muestra una copia literaria del Acta de Na-cimiento para no poner en evidencia que en el libro de actas no se asentó aún la fecha de su defunción. Y esta falta no es por un descuido del Registro de las Personas de Francia. La fecha de defunción no figura sencillamente porque para Francia, Carlos Gardel no es Charles Romuald Gardes de quien, hasta el día de hoy, se desconoce cuando y donde falleció.
    Las copias literarias
    Es muy importante dejar bien en claro que una copia literaria es aquella en la que se transcriben los datos de un documento, generalmente el mismo día en que es solicitada.
    De esta manera, si bien nos confirman, en este caso, el nacimiento de Charles Romuald Gardes, no podemos enteramos de otros datos que pueden llegar a ser muy importantes y quedan ocultos. Por ejemplo, con una copia literaria del “Acta de Nacimiento” de Charles Romuald Gardes nos queda oculto que la fecha de defunción del mismo no figura anotada en el margen del documento original. Y no figura porque para Francia, Charles y Carlos, como ya dijimos, no son la misma persona. Si lo fueran, tal como lo pretende la Historia Oficial de Argentina, en lugar de una copia literaria del Acta debería ser exhibida una copia fiel donde debería constar la fecha de fallecimiento.
    De ser así se podría (para completar la investigación) obtener también el “Acta de Defunción” en la que se establece que Charles Romuald Gardes, nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890, murió en Medellín el 24 de junio de 1935.
    Es cosa muy común y corriente que las publicaciones tendenciosas, cuando hablan de Gardel, no muestren jamás la copia del Acta de Nacimiento de Charles Romuald Gardes para no poner en evidencia lo que estamos comentando.
    Los escribas de la Historia Oficial, para demostrar (lo indemostrable) que Gardel es francés, auto-titulándose investigadores, sin conocer nada sobre metodología de la investigación, solicitan en el Registro Civil de Toulouse una copia literaria como la que se muestra en la ilustación que sigue, en este caso, fechada el 6 de febrero de 1965.
    Este, u otros certificados similares solicitados en distintas fechas, son presentados al público lector como si se tratara del “Acta de na-cimiento” del cantor. Debido a que rara vez alguien se pone a leer la escritura de esta supuesta “prueba”, y menos aún en francés. El hombre común cree que se trata de un documento importante sin sospechar, ni por asomo, que ha sido vilmente engañado.
    Tras la muerte de Gardel, ni bien se le cambió la nacionalidad, fueron frecuentes los engaños, ocultamientos y falsificaciones.


    Foto de Armando Lofiego.
    Acta de nacimiento del francés Charles Romuald Gardes